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lunes, 23 de marzo de 2026

Aqueronte


Pues este relato lo escribí para un concurso cuya temática era "Otra cerveza, por favor". Desgraciadamente y con algo de decepción no ha sido seleccionado finalista. Aún así me gustaría que al menos no se pierda en el olvido.



¿Qué hora será? Miré al reloj. Las dos de la mañana – dije para mí mismo.
Un sábado más me encontraba apoyado en la barra del bar de siempre, rodeado de, básicamente, las mismas personas de siempre. Es un bar oscuro. Al fondo hay varias mesas redondas rodeadas de sillones, en apariencia cómodos. Ahora que lo pienso, llevo viniendo cuatro años y nunca he llegado a sentarme en uno de ellos. En ocasiones veo parejas sentadas hablando relajadamente; otras veces se besan apasionadamente, o simplemente se limitan a beber sin apenas mirarse el uno al otro, de forma que, si me dijeran que son dos desconocidos, me lo creería. Algunas veces vienen grupos de personas que han salido de trabajar y se sientan en aquellas mesas, esperando a que les lleven sus bebidas. Pero a las dos de la mañana esas mesas y esos sillones están ya vacíos. Cuatro hombres, cinco conmigo, somos los que quedamos apoyados en aquella barra de aquel bar oscuro.
Una barra repintada de negro. Se pueden ver huecos de la pintura antigua y burbujas de pintura nueva seca, humedecida por el rastro de las bebidas y marcada por el nulo uso de los posavasos. Algunos de esos hombres visten trajes y otros van trajeados. Yo pertenezco a los primeros. Visto traje, no por gusto, y hace tiempo que dejó de ser obligación. Simplemente lo visto. Cada día me lo pongo y termino en este mismo bar. Sin embargo, los hombres trajeados visten el traje que da gusto.; cuidan el mínimo detalle: que la corbata conjunte con los zapatos o que la camisa sea acorde al traje elegido. Yo ni me molesto, al final siempre visto lo mismo.
Miro al frente y me dirijo al hombre que está al otro lado de la barra, también apoyado como lo estoy yo. El olor a alcohol era tan fuerte que no podía discernir si era mío o suyo. Levantó la cabeza y por un breve instante hicimos contacto visual. Entendí esa unión de nuestras miradas como una invitación a hablar, así que hablé.

-¿Sabe? –Comencé –Estoy ya cansado de siempre lo mismo. ¿Usted no? He pensado en dejar mi trabajo o en divorciarme, ya ni sé las veces. He pensado en quitarme la vida incluso, pero no me he atrevido. Cada día le presto menos atención a mi aspecto. Hace tanto que mi mujer y yo no tenemos sexo que ni me acuerdo. Ya no sé si es que ella está con otro hombre o simplemente no quiere o soy yo que no le atraigo. Aunque siendo sincero, tampoco le pongo mucho interés. A veces miro a mi hija y pienso en si ella tendrá relaciones. De ser así, me alegro por ella, pero la envidio. ¡Ojalá volver a tener veinte años! Sin preocupaciones más allá de estudiar. Con un plato de comida en la mesa. También me acuerdo de mi madre. Que descanse en paz. Y del cabrón de mi padre. Ese malparido nos dejó a ella y a mis dos hermanos con una mano delante y otra detrás. Bendita mi madre que nos consiguió sacar adelante. Aunque perdone que le diga: ¿Para qué? ¿Para acabar en un bar de mala muerte rodeado de borrachos y yéndome a mi casa oliendo a alcohol y cerveza? Si llego a saber que este era el futuro que me deparaba, le hubiera ahorrado a mi madre la carga de sacarme adelante. Me habría encantado haber aprendido música y tocar la guitarra o el piano y haber sido un gran músico. También es verdad que mucho más lejos no han llegado mis hermanos. Uno muerto de varicela, el pobre, a los dieciséis años, y el otro cartero y sufre de gota.
Detuve mi discurso por un momento. Alcancé un vaso abandonado en la barra que aún tenía algo de líquido dentro. Lo miré y moví lo poco que tenía de un lado a otro. Me acerqué a olerlo. Era whisky. Lo volví a dejar en la barra y lo aparté a un lado con la muñeca. Me pareció que mientras hacía este ejercicio el hombre al que me dirigía dijo algo, sólo que no lo entendí o no le presté la atención suficiente.

- ¡Hum! Me encanta el whisky. –Proseguí – No sé cómo puede haber quién no beba esto. Mi hija la primera que lo odia, de hecho, cuando me ve con una copa me dice que es como chupar serrín. ¿Qué sabrá ella? Si a los jóvenes de hoy en día les sacas del vino barato y la coca-cola o de los gintonic, que cada vez se parecen a cualquier cosa menos a una copa, y no tienen ni idea. No tienen ni idea. Todo el día frente al teléfono. Que no salen de casa. El otro día mismo me dice que le dejase dinero, que está de compras. Yo la miraba y estaba tumbada panza arriba en la cama mirando a la pantalla del móvil. Para irse de compras habrá que salir de casa, ¡digo yo! Para colmo mi mujer le da la razón y me llama “carca”. No, si la culpa va a ser mía por rodearme de gente como esta. Trajeada y tan asqueada de su triste vida que están un sábado a las, ¿qué hora es? Las dos y media de la mañana, solos, bebiendo. Aunque os entiendo, sinceramente. Por algo estoy aquí. Volver a casa me asusta. Mi hija vive en un mundo completamente distinto al mío y a mi mujer cada día la veo más lejos, así que si me dan a elegir entre irme a casa y sentirme sólo o estar aquí y estar sólo, prefiero estar aquí. Porque, ¿sabe? No es lo mismo estar sólo que sentirse sólo. Cuando uno se siente sólo es un problema. Pero cuando uno está sólo no se siente sólo. A ver si me explico: sólo nunca estoy porque estoy conmigo mismo. Pero cuando voy a mi casa, hay algo de mí que ni me aguanta. Mi hija se encierra en su habitación y mi mujer, aunque está ahí sentada en el comedor conmigo, está completamente ausente. Que también pienso yo, que igual no le doy el clima propicio para conversar. Porque en esta vida todo tiene dos caras y no todo será cosa suya. Algo mal haré yo también para preferir estar aquí sólo que allá con ellas.

Hice una breve pausa, tomé aire y mirando hacia arriba continué:
- ¿Sabe qué es lo peor de todo? Que en realidad tampoco quiero hacer nada por mejorarlo. La desesperación me inunda y la respiración me es cada día más pesada. Estoy tan sumido en esta rutina y en esta mierda que no tengo ni ganas de hacer nada por cambiarlo. Son muchos años igual y me parece hacer demasiado esfuerzo a estas alturas. Ahora, que si ella hace algo… quizás le corresponda…quizás haga yo por estar bien. Qué fácil es pasarle la pelota a la otra parte, ¿verdad? ¿Ve? No es más que una muestra más de que no quiero cambiar nada, de que mi vida está mal y que mientras no vaya a peor, me conformo con que así siga. Que se mantenga lo mal que está y que no vaya a peor. Con eso me conformo. Prefiero estar sólo a sentirme sólo. Prefiero estar aquí que en mi casa. Prefiero estar mal con mi mujer a no estar. Prefiero recluirme en mi mundo a intentar comprender el de mi hija. Y prefiero contarle esto a usted, una persona desconocida tras la barra de un bar, que afrontarlo.
- Perdona. Yo sólo le había pedido otra cerveza. –Fue la respuesta que obtuve de aquella persona.
- Ah, sí, disculpe. –Contesté.
Cogí el vaso de whisky vacío que estaba sobre la mesa, tiré lo que quedaba de su contenido en el fregadero y lo dejé en la bandeja del lavavajillas. Cogí el trapo y limpié la estela que había dejado este tras de sí. Me giré, cogí un vaso limpio y me dirigí al grifo para llenarlo de cerveza.
- Aquí tiene caballero –Dije depositando el vaso encima de un posavasos.
- Gracias –Fue todo lo que me devolvió. Cogió su bebida y se giró hacia el televisor.




jueves, 23 de abril de 2020

La Historia del Turco

Octubre de 2026.
Tengo 25 años y por fin puedo volver a mi país. La guerra terminó hace 2 años. Todas las calles por las que jugaba de pequeño no existen. Ni los parques, ni la escuela, ni las mezquitas, nada. La guerra terminó hace tres años por lo que los esfuerzos por reconstruir y levantar esta ciudad han hecho que sea completamente desconocida para mí.He vuelto a casa de unos familiares dejando a mi madre atrás.Mis primos aún me recuerdan y nos ponemos a contar historias de antes de que me fuera. Sus hijos me preguntan que por qué hablo así.Yo les miro desconcertado. Siempre soñé con volver a casa.

Marzo de 2028. 

Voy de camino al trabajo y mis ojos se paran en una escuela. Es completamente distinta a lo que yo pude vivir. Todo lo que sé lo aprendí a través del trabajo y es que no había otra. Con apenas 10 años mi familia y yo huimos de Alepo hacia el norte. Llegamos a Kilis en Turquía. nos habían dicho que allí estaríamos bien y que nos ayudarían. Nos dieron cama, comida y cobijo y yo podía ir a la escuela. Nos dijeron que en unos meses estaríamos de vuelta en casa. Poco a poco empezó a llegar más gente. Donde éramos 2000 pronto fuimos 4000. Lo que iba a ser para unos meses se convirtió en 15 mil personas. Y no en cuestión de poco tiempo. La guerra no cesaba y a nosotros nos hacinaban. La comida fue desapareciendo poco a poco y la escuela dejó de ser lo que era. Nos obligaron a aprender Turco. Ellos decían que nos ayudaría pero la realidad era otra muy distinta.  Pronto si no les hablábamos en Turco nos denegaban la comida. Mis padre murió de tuberculosis y jamás supimos dónde pusieron su cuerpo. Huimos.
Otra vez.
Viajamos al norte conseguimos llegar a Estambul. No queríamos ir a Europa. Mi madre quería regresar a casa. Yo tengo 13 años y tengo que trabajar para ayudar a mi madre.
Comencé a trabajar en una fábrica de zapatos, sí con 13 años. Hasta que tuve 19 años continué haciendo zapatos. Trabajaba entre 6 y 10 horas al día. el resto del tiempo trataba de ir a la escuela. Se supone que el gobierno creaba hogares sociales pero la realidad, no era más que ir a casa de una vecina siria que fue maestra y sí, fue. En Estambul ya nadie era lo que fue. Allí nos reuníamos varios niños y niñas sirios para tratar de aprender. Me encantaban la Biología y las Matemáticas.
Ahora mirando esta escuela me muero de envidia.

Enero de 2029.
Me llaman "El Turco". En el trabajo, mis primos, mis nuevos amigos, y alguno de los viejos que sobrevivieron. Todos me llaman "El Turco". Y es curioso... En Kilis era un sirio más, igual que el resto de mis compatriotas y en Estambul, era "otro sirio más". Lo único que compartía con ellos era la religión. Cuando teníamos que rezar era el único momento en que no me sentía diferente. El único momento en que no me miraban como un apestado por no tener su acento o no pronunciar bien su idioma. Por no saber leer bien su idioma. El único momento en que podía ver a mi madre feliz.
Salía de rezar e iba a buscarla a la entrada. Hombres y mujeres rezan en lugares separados. Aprovechaba para corretear por la mezquita y jugar con otros niños. Podía ser un niño. Iba con mi madre a los mercados probaba algún dulce. Nos reuníamos en casas y compartíamos té y jugaba con otros niños. Aunque no podíamos ir todas las semanas a la mezquita para mí era un día especial.


Septiembre de 2030.
Pronto se cumplirán cuatro años desde que pude volver a mi país. Todo ha cambiado, todo es diferente. Todas las veces que soñé con regresar a mi casa. Correr por las calles. Todo es diferente. Me tratan diferente. Pensaba que por comprensión pero parece que "El Turco" es diferente. Al menos es viernes y en la mezquita nadie me molestará.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Realidad Alternativa

Imagina tener la capacidad de enmendar todos tus errores, de poder volver atrás en el tiempo siempre que quisieras. ¿Cuántas novelas tratan sobre ello, sobre el efecto mariposa, las líneas temporales, los desdichados y variopintos desenlaces, de las posibilidades? ¿Cuántas películas o series han coqueteado con la dulce posibilidad de manejar el tiempo?

Pues yo puedo hacerlo. Puedo volver atrás en el tiempo, cambiar lo que ocurrió y a diferencia de lo que nos enseña la ciencia ficción, cuando regreso a mi tiempo, nada ha cambiado. Vuelvo a mi era y a mi presente sin que nada haya cambiado.


Entonces, ¿Sirve de algo volver al pasado si no puedo cambiar nada de mi historia?

La verdad es que más allá de volver a mi cuerpo de mujer de 17 años y revivir experiencias de nada más me sirve.

Me ha ayudado como digo yo a "parar" mi propio tiempo, a utilizar estos viajes como una cápsula del tiempo con la que poder estudiar para un examen difícil, leer o pensar largo y tendido antes de tomar una decisión. Porque por muchas cosas que cambié, y te aseguro cambié multitud de cosas, nada, absolutamente nada en mi presente, ha cambiado.


Por lo que tengo este poder, esta habilidad y de nada me sirve. No envejezco ni más rápido ni más despacio. Mi cabeza no va a estallar por recordar hechos de una nueva linea temporal alternativa. La gente de mi alrededor me conoce y aquellas personas que conocí volviendo atrás, no saben ni que existo. De hecho, en una ocasión me obsesioné con un ex novio y utilizaba los viajes para revivir las experiencias juntos. Pero al final me terminé dando cuenta yo sola por qué me dejó, ya que yo vuelvo atrás siendo quien soy en el presente y aunque volviera a ese tiempo, el mío seguía su curso. Ni para trastornarme sirve.


Así que si lees esto y por algún casual eres de una línea temporal distinta o de una realidad alternativa te doy las gracias por haberme enseñado que se puede utilizar el tiempo del pasado para cambiar o avanzar en el presente, pero que de nada vale cambiar lo pasado porque ya forma parte de nosotros.

El pasado es pasado y al presente se le llama así porque es un regalo.

Atte:

Lex   
2131 D.C.  

domingo, 13 de enero de 2019

El Festival de Vata

Vivo en una aldea portuaria, prácticamente vacía. Habitada nada más que por marinos pasantes. Las pocas familias que viven aquí durante el año, poseen negocios orientados a la pesca. Apenas hay jóvenes adultos, la mayoría se terminan yendo a las ciudades más grandes. Ahora que lo pienso es curioso que apenas haya jóvenes adultos. Si acaso una decena y todos ellos emparejados... 
Al cumplir los 21 años, se celebra el festival de Vata. Este va a ser mi año. Mi cumpleaños suele coincidir con el solsticio de invierno. Se suele elegir el día con más viento cercano a esa fecha.
Hay una leyenda en mi aldea que habla de que una noche un rugido de Fafnir creó una corriente tan fuerte de aire que desoló la mitad de la aldea y solo los que salieron al mar sobrevivieron.  Por eso se elige el día con más viento próximo al cumpleaños.

Se acerca el día del festival y el viento empieza a ser cada vez mayor. El sonido que hace al pasar por las calles suena como el verdadero rugido de un dragón. Es de madrugada y apenas puedo dormir. El viento no me deja pegar ojo. Y el nerviosismo por el festival tampoco ayuda. He oído historias de cuando fueron mis padres a prestar ofrendas que ahora apenas recuerdo. 

Al día siguiente el viento continuó siendo intenso, era la víspera del festival y el pueblo estaba civilmente calmado. Digo civilmente porque no había un alma en las calles. Otros años el viento era igual de fuerte pero creo que nunca me había dado cuenta de su verdadera intensidad. Apenas se podía estar en la calle. Pasé el día en casa imaginando oír voces en los soplos de aire. En ocasiones se oían palabras claras como: "Arranca". En un tono rasgado y como si se susurrase a gritos. El viento era desolador, penetraba en mi cabeza como una corriente de ideas.
De pronto me vi a mi mismo en el jardín de atrás de mi casa, siendo golpeado por el fuerte vendaval. Cuando me quise dar cuenta estaba en el suelo tratando de evitar que una pala me abriera la cabeza al ser desplazada por la corriente. Me di la vuelta y vi que estaba a más veinte pasos de la puerta de casa. Luché por ponerme de pie. Tarea difícil si tratas de evitar que te golpeen diversas herramientas movidas a toda velocidad por el viento recio. No pude esquivar un rastrillo que me arañó la cara como si de un zarpazo se tratase.
Conseguí ponerme de pie y corrí como pude a cobijarme en el interior de casa. Una vez dentro, cerré la puerta. El aire se quedó fuera golpeando la puerta de cristal pidiendo permiso para entrar. Yo estaba prácticamente sordo. Oía un ruido blanco ensordecedor por culpa del viento que me aturdía completamente. ¿Por qué había salido? ¿Cuánto tiempo había estado ahí? Me mire los brazos y tenía algún que otro corte provocado por los objetos voladores. Abría y cerraba la boca tratando de que se fuera ese ruido blanco de mis oídos pero era imposible. Pasaron un par de horas y me encontraba muy mareado, así que cené y me fui a acostar.
Ahora que lo pienso llevo todo el día sin ver a mis padres.... 

A la mañana siguiente era el día del festival y el viento seguía soplando aunque con menos intensidad que el día anterior. Al bajar al salón miré en busca de mi madre. Mi padre estaba en alta mar pero a ella no le encontré por ningún lado. Llamaron a la puerta. Venían por el festival. Me vestí y me llevaron al puerto dónde se celebraba el rito. Llegar allí nos costó. El coche se movía en todas direcciones movido por los golpes invisibles que recibía a cada costado. Una vez allí comenzó. Me llevaron al borde del embarcadero más grande. Era tan largo que daba la sensación de adentrarse en el mismo océano. Una vez allí me dejaron a solas. A la derecha un saco atado a unos cantos. A mi izquierda un ramo de flores. El rito consistía en aguantar allí durante 3 horas siendo golpeado por el viento.
La sensación del tiempo pasar es realmente lenta en esa situación. Y el viento era tan fuerte que las gotas que salpicaban se me clavaban como perdigonazos. De pronto volví a estar sordo como ayer. Y era incapaz de oír mis propios pensamientos. "Avanza". La voz del viento había sido más clara, si cabe, que la última vez. El viento era insoportable, me tapaba los oídos con las manos pero era completamente inútil. No sentía ni mis manos ni mis oídos. Empezaba a estar mareado. Todo me daba vueltas. Los ojos y la boca se me habían secado por completo. Necesitaba agua. Estaba en un embarcadero y necesitaba agua. Por un momento se me pasó la idea de atarme el saco y lanzarme al mar para acabar con el sufrimiento. El agua saciaría mi sed y cesaría el dolor de mis oídos. 
Miré al ramo de flores tratando de evadirme de esa idea. Parecían flores fúnebres, las típicas que llevarías a una tumba. Mis manos se deslizaron de mis oídos a mis ojos y en su camino noté la marca que me había dejado el rastrillo ayer. De pronto todo parecía tener sentido. Me vinieron las imágenes completamente claras. Mi pelea de ayer en el jardín no fue con ninguna herramienta. Era yo golpeando a mi madre en el jardín. Ella me tumbó defendiéndose y me arañó en el proceso. Así que la golpee con la pala lo más fuerte que pude. Mareado traté de levantarme y a partir de ahí la historia se cuenta sola. No entendía como había sido capaz de aquello. Las lágrimas no me salían y mis quejidos se los llevaba el viento, nunca mejor dicho. 
Estaba allí de pie mirando el vasto océano ante mí. Se movía con una fiereza a causa del viento, que devoraría al más grande de los cruceros. Lanzarme no sería suficiente para pagar por mis actos. De pronto noté una mano en mi espalda. Era uno de las personas que me acompañaron hasta aquí. Ya habían pasado las tres horas. Con sufrimiento en mi rostro y decidido a pagar por mi pecado recogí el ramo del suelo y regresé con él al pueblo. El camino se me hizo eterno y las gotas seguían golpeando en mi cuerpo. 
A medida que me acercaba al pueblo oía los vítores y la celebración. Pero era incapaz de compartirla. 
Al llegar alguien me puso una manta sobre mis hombros. Era mi padre. Al que me abracé desconsolado y le pedí perdón. Le di el ramo y dije que era para mamá.

-¿Para mí? -se escuchó a mi espalda- Gracias, hijo. Ya eres un hombre.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Metamorfosis

Pensar en Gregor Samsa y en cómo todo le cambio de un momento a otro. Yo aún sigo esperando que me ocurra lo que a él le pasó solo que en sentido figurado. No me gustaría morir con ocho patas para arriba.
Pero sí me gusta fantasear con la idea de que mañana puede que me levante y sea algo completamente diferente a lo que soy hoy.
Un afán por reaparecer. Y por reexistir. Por revivir todo ello sin que cese quien hoy soy.
Pensar que hay tanta gente asustada de lo novedoso y yo aquí alabando y suspirando por el señor Gregor Samsa. Porque todo cambie pero no por necesidad. Ni siquiera porque esté pasando un mal momento. Simplemente que se rompan todos mis esquemas. Lo más probable es que yo, por fantasear con ello, jamás lo consiga. Ya que soy consciente de lo que deseo. Y de forma paradójica creo que por ser conocedor ya jamás podré tenerlo. Ya jamás podré experimentar una auténtica transformación.
No estoy triste. Envidio a Gregor Samsa y a la vez me apiado de él. Le envidio porque jamás podré experimentar lo que el vivió. Y me apiado porque no deseaba lo que vivió.

Supongo que ese es uno de los círculos que giran en continuo y mantiene el ahora en estático movimiento. El querer vivir algo que sabes que no nos puede ocurrir. Y saber que el que al que le pase y no lo desee se sentirá el mayor desdichado. 
Como debió sentirse Gregor Samsa.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Selva

Fuertes son los brazos del hombre que levantan cimientos donde antes no había nada. O eso me gustaría decir...

Crueles son los brazos del hombre que levantan cimientos donde Natura antes era reina.

Ingenuos somos los cuerpos que no nos damos cuenta de esto, hasta que un ave levanta nuestra vista y la iguala a la suya. Es entonces donde desde el cielo vemos lo crueles que son los brazos del hombre; asustado huyes.
Huimos...

Comienza la búsqueda de un lugar donde no hayan llegado sus brazos y encontrarlo no produce júbilo alguno. Mas tristeza en su lugar es lo que hay. Tristeza porque estando allí estático, donde los brazos no han sido capaces de llegar, te das cuenta de que algún día llegarán y convertirán la tranquilidad y serenidad del reino en una selva artificial poblada de seres.

Poblada de seres. Con suerte. Pues no siempre los brazos levantan cimientos por necesidad sino por egoísmo y avaricia. Genera más tristeza, si fuera posible, pensar que la única causa que justifica la selva artificial, como es albergar la vida, ni siquiera exista.

Impasibles los brazos del hombre que levantan cimientos sin pensar en Natura, que ya no es reina porque por culpa de sus brazos no tiene donde reinar.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Dos mundos


NO SE LEE EN FORMATO MÓVIL SIENTO SER TAN GAÑÁN 




                        ELLA                                                                                                      ÉL

Estoy cansada de que todo el mundo en algún          Que chica tan guapa... No puedo dejar de mirarla.
momento se me quede mirando. Aun cuando                       Su lunar atrae completamente mi atención.
estoy a mis cosas, si levanto la cabeza,                                                     Resalta en su tez pálida casi tanto 
mi mirada siempre se cruza                                                                                              como sus ojos negros.
con los ojos de alguien que me estaba mirando                                   Desviando mi atención totalmente.
antes y a saber por cuanto tiempo.                                                                          Me tiene casi hipnotizado.
Sé que es cosa de éste maldito lunar.                               Bajo la cabeza para seguir estudiando y cuando
Me paso horas mirándolo en el espejo                              me quiero dar cuenta estoy otra vez mirándola.
maldiciéndolo. Desde que soy pequeña                                  Mirando esa marca en su pómulo izquierdo.
le he dicho a mi madre que me lo quiero                                                    Me resulta sumamente atractivo.
quitar, porque la gente siempre me mira.           Atractivo como lo eran los lunares de aquellas mujeres
Ella jamás me ha apoyado. Me dice que                           con las que soñaba mi padre y que si estuvieran
no es tan grande. Tiene razón no es grande,                          hoy en día en portada soñaría medio mundo
poco más que la ruleta de un reloj de pulsera.                                              Liz Taylor... Marilyn Monroe...
Pero no es el lunar lo que no soporto,                                       Lunares tan atrayentes como el sol mismo.
sino la atención que desprende.                                                  Joder...mira que no es más que una marca,
Me cansan las miradas y cada día más.                                       pero no puedo dejar de mirar a esta chica.
Ahora estoy sentada en la biblioteca,                                                                      Si levanta la cabeza y me ve
escribiendo esto y seguro que levanto la cabeza                                                      mirándola tan fijamente.
y hay alguien mirando...Efectivamente,                       seguramente va a pensar que soy un degenerado...
hay un chico con sus ojos clavados en mí.                                                                     pero no puedo evitarlo.
¡Qué pesadez! Me pone negra ¿Que cree?                                                           Me temo que hoy no estudio.
¿Que es mierda o una mancha o maquillaje?                                                                                        Lo siento.
¿Acaso no ha visto nunca un lunar? 
¿Que me lo he pintado antes de salir de casa?....




martes, 17 de julio de 2018

Insomnio

Apenas me tengo en pie. No recuerdo muy bien cuándo ha sido la última vez que he dormido una noche entera. A mi cabeza no dejan de llegar avisos y alarmas. Cuando por fin consigo dormir suena de nuevo el estridente sonido que me levanta del letargo. Bueno, levanta... Suponiendo que me he llegado a dormir.

Son las cuatro de la mañana, otra casa más se está derrumbando a causa del fuego y es mi deber ir. He perdido la cuenta de las que he conseguido salvar y las que se han caído consumidas por el apetito de las llamas. Ocurre cada noche, sólo de noche. Sólo de noche, joder. ¿Cuánto llevo ya sin dormir?

Llego, y por primera vez en todos estos días no me pongo manos a la obra de inmediato. No sé si es el sueño o que es la primera vez que me paro a observar el fuego como algo más que mi enemigo.
Esas llamas de más de 3 metros devoran lo que se encuentran a su paso. Están haciéndose dueñas de todo y si siguen así conquistarán los alrededores. 
Por suerte no hay nadie cerca aparte de mí. Los cristales de las ventanas explotan. Se escucha la madera del suelo crepitar. Se puede ver cómo poco a poco la fachada negra por el humo se entorna anaranjada al ser envuelta por las llamas. Es un paisaje infernal y aún con todo, es hermoso. ¿Qué será eso tan mágico que tiene el fuego, que cautiva la mirada y se adueña de mis pensamientos?

Esa mezcla de colores amarillo, naranja y rojo. Ese calor y esa sensación reconfortante que de repente me hace experimentar. Sentir el movimiento envolvente de las llamas. Perseguir con la mirada una de ellas, ver cómo desaparece y se fusiona con el resto, para que al poco tiempo despunte otra llama y pienses: "Esa es". Sentir que el tiempo no pasa y que si pasa no importa.
Sentir que por un momento puedo controlarlo, puedo domarlo y hacer que esas gigantes llamas se reduzcan al tamaño de la que desprende un mechero, me hace sentir poderoso. Me siento grande. Me siento invencible. Puedo domarlo. Puedo controlarlo. Puedo someterlo y hacerlo plenamente mío con mis propias manos. Sé que puedo.
Siento en mi estómago cosquillas, nauseas y hasta un cierto nudo en la garganta. Como cuando por fin consigues quedar con la persona que te gusta y estás de camino a tu primera gran cita. Siento ese hormigueo y esos nervios que no molestan pero captan toda tu atención. Creo que me estoy enamorando.

Noto cómo mi mano me arde, suelto el trapo envuelto en llamas que sostengo, me miro la mano y veo que está en carne viva. Me asusto y suelto el mechero que tengo en la otra mano. Caigo de rodillas mientras, envuelto por el estupor, intercambio miradas entre las palmas de mis manos y la casa en llamas que tengo enfrente. Lágrimas comienzan a brotar de mis ojos golpeando una a una mi mano quemada. Me duele. Me duele mucho pero no me importa el dolor porque he vuelto a hacerlo, he vuelto a provocar un incendio...

Despierto sobresaltado de mi cama, con la cara llena de lágrimas y lo primero que hago es mirarme las manos. No hay ninguna herida. A continuación miro al frente. No hay ningún incendio. Aún es medianoche. Me vuelvo a recostar y mirando al techo me seco las lágrimas. Una vez más, otro incendio no me deja dormir.

viernes, 23 de febrero de 2018

Azul

Camino. Camino mucho y muchas veces no sé a dónde. 
Suelo caminar con la cabeza fija en mis pasos y no sé por qué, hoy me ha dado por mirar la cielo... Es precioso. Azul. Sin una sola nube que lo pinte o manche así la hegemonía del color. Un azul que he visto más veces pero que nunca me había parado a mirar en detalle. 
Sigo caminando y no dejo de mirar el cielo. Me tiene completamente ganado. 
-Tengo que subir a lo más alto para poder ver hasta donde alcanza el color. Me digo a mí mismo. 
Lo más cercano es un edificio, al que no sé muy bien cómo, logro subirme hasta la azotea. Allí ni el ruido molesta al vasto paisaje azul que está sobre mi cabeza. Me tumbo en el suelo de la azotea. Está frío pero no le doy importancia ya que sigo hipnotizado por el color. Me parece increíble que sea azul y ya está. Sólo azul. Después de un tiempo que desconozco estando en aquella posición, me incorporo y sigo queriendo ver hasta dónde alcanza el color. Me inquieta ver que nada molesta al cielo. Ni una sola nube. Ni rastro de la estela de un avión. Y me atrevo a decir que en todo este tiempo no he visto ni un triste pájaro. 
Estoy de pie en la cornisa ya que no puedo ir más allá. Pero sigo mirando hacia arriba. Me pongo de puntillas y coloco mi mano sobre mis cejas como el niño que se cubre del sol para ver más allá del horizonte, y hasta donde mis ojos pueden ver, sigue siendo azul. Mi mirada esquiva los edificios que tengo delante y aún con todo. No hay rastro de mancha. Es perfecto. Tan azul y tan perfecto que me enfada. ¿Por qué está tan tranquilo y nada le molesta? ¿Por qué está tan a gusto y nadie se atreve si quiera a pintarle una raya o llamarle perdedor...? ¿Por qué él puede estar sólo y yo no?
¿Qué pasa, que sólo estando en lo más alto se puede estar tranquilo? ¿Acaso yo aquí abajo no puedo ser feliz? ¿Te crees mejor que yo porque eres grande y respetado? ¿Te sientes feliz haciéndonos ver a los demás que somos meros insectos a tu lado, que somos mierda? ¿¡TE HACE FELIZ!?
Las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos.
La impotencia se apoderó de mi. Envidio al cielo, quiero llegar a él...

Así que salto.


La verdad es que me gustaría conocer tu opinión respecto a lo que acabas de leer. El feedback siempre me anima a escribir o a pensar más. Conocer otras opiniones o puntos de vista me parece necesario. ¿Qué has sentido? ¿Te lo esperabas? ¿Estoy tarao? Lo que sea. Y sobre todo espero que te haya gustado.


martes, 19 de diciembre de 2017

Devén

Hace tiempo hubo un filósofo que dijo que la vida, el alma, el conocimiento, la realidad, todo lo que conocemos es como el agua de un río. No deja de fluir. Aunque miremos todo el tiempo al mismo punto del río nunca estaremos viendo el mismo agua. 
Las cosas siguen su cauce y su curso. Tenemos que entender que esto es así y tenemos diferentes opciones:
Remar a contracorriente luchando porque nada fluya. Bien es sabido que quien lucha a contracorriente se acaba ahogando...
Seguir parados mirando en ese mismo punto y ver que todo fluye menos nosotros. Que no somos más que una laguna estancada.
Dejarnos llevar por la corriente sin ser participes de su dirección simplemente ir sobre el agua, cómoda y fácilmente pero de manera aburrida.
O también podemos ser la corriente y girar si queremos girar o fluir si queremos fluir.

Ninguna decisión es mala, ninguna es negativa. Quizás sí unas más atractivas que otras. Es más estoy seguro que todos hemos sido el pez inconformista que nada a contracorriente. Que ha habido veces que lo único que queríamos era abstraernos y dejar que todo pasase, sumidos en nosotros mismos como el agua estancada. Otras veces habremos fluido con la corriente a su merced a ver hasta dónde nos lleva. Siendo los protagonistas pero sin una sola línea en el guión. Y por supuesto ha habido veces que hemos seguido la corriente a nuestro gusto, desviándonos, volviendo, atravesando lagunas, siendo arroyos, siendo grandes, sintiéndonos poderosos...

A pesar de lo que ocurra, todo tiene su cauce y todo cambia. La vida nos termina poniendo en el lugar que tenemos que estar, con las personas que tenemos que estar y en el momento en que tenemos que estar y aun con todo. Puede cambiar. Puede cambiar en cualquier momento.
Porque todo es cambio.

Asumámoslo.

Todo cambiará y todo pasará y que cambie no significa que lo bueno se vuelva malo, quizás lo bueno se vuelve mejor, lo malo puede que se vuelva peor o simplemente lo bueno cambie y siga siendo igual de bueno o lo malo deje de ser malo. 
Ante todo esto es nuestra elección disfrutar o no disfrutar del cambio.


"Algo es ahora pero dejara de serlo inmediatamente, para pasar a ser otra cosa" 

jueves, 12 de octubre de 2017

La sobrevida

La sobrevida está llena de pruebas y retos. Unos fáciles, otros difíciles, otros son invisibles y otros no queremos verlos. 
Somos nosotros quiénes elegimos como afrontarlos: luchando contra ellos y ganando; resistiendo y que sean ellos los que se rindan; aprendiendo a ver los que no podemos ver o girando el cuello para no ver los que tenemos más cerca.
¿Pero por qué decidimos huir? ¿Por qué huir si sabemos que no es una solución? ¿Por qué girar el cuello y poner la mejilla en lugar de apretar los dientes y avanzar?
¿Qué sentido tiene aparentar que todo va bien? En la sobrevida nada va bien. Pero eso no significa que vaya mal. Significa que va. 
¿Te parece poco? 
Saber que algo avanza significa que aprendemos, que conocemos, que vemos. 
Entonces si la sobrevida va ¿Por qué no queremos ver donde?
¿Tanto miedo hay a lo malo que sabemos que puede pasar, que en lugar de optar por la revolución optamos por la sumisión? Y no hablo de trivializar y reducir un problema porque eso, eso es revolución.
Y no hablo de no dar importancia a algo porque quizás no deba tenerla.
Hablo de rendirte al resultado, ser el cuervo que saca tus propios ojos. 
Ojos que no ven corazón que no siente es una mentira más de la sobrevida. Es una más de sus pruebas y la más difícil de superar de todas. Los ojos siempre han de ver y nosotros seremos capaces de gestionar porque al fin y al cabo, la sobrevida eres tú y tu eres la sobrevida y por eso hay que sobrevivirla. 



Últimamente sólo escribo frases o poemas cortos y esto no deja de ser un diálogo más en mi cabeza.

lunes, 21 de agosto de 2017

Estigia

Aún con todo no fui capaz de decirle que sí. En el fondo si le hubiera dicho que sí, me estaría engañando a mí mismo. Pero diciéndole que no, también. 
Me había acobardado.
Por decirlo de alguna forma me imagino a un niño y una niña jugando en un arroyo, cada uno a un lado de él. Se tiran agua, saltan junto al arroyo, caminan hablando durante horas. Se divierten. Un día ella le dice que salte a su lado y caminen juntos. En ese momento el niño prefirió seguir en su lado jugando con ella, porque no sabía lo que podría encontrar al otro lado del arroyo. Tenía miedo. El niño ya conocía todo lo que había en su lado y estaba seguro de poder ser feliz con todas esas cosas. Al menos lo suficiente.
[Lo que nadie le dijo al niño es que cruzar ese arroyo no significaba perder todo lo que había en su lado. Quizás al otro lado se encontraban las mismas cosas él conocía, pero también podía haber otras y no tendría que ir solo a descubrirlas porque tendría a su lado a su compañera. Pero ya era tarde para ese niño y para esa niña.]

-Creo que deberíamos parar...


Página 41 de la "novela" aún no escrita.

viernes, 24 de marzo de 2017

II – Jean-Michel Blais

-Parece que tarda mucho en llegar. ¿No crees?
-Disculpa. ¿Nos conocemos?
(Estaba todo casi vacío y de todos los bancos o asientos ha tenido que sentarse a mi lado)
-No. No nos conocemos, pero parece que llevas tiempo esperando por algo.
-¡Ah! ¿Sí? ¿Y por qué piensa usted eso?
-Puede que sea una simple corazonada o la forma en que miras la vida pasar. Esos ojos tuyos no miran lo que está justo en frente de ti, esos ojos no se preocupan por mirar lo que tienen delante y lo que está pasando, esos ojos tuyos no están aquí.
(Guau… En parte sí me siento así, como que nada de lo que ocurra ahora me importa) Me quedé mudo.
Esa persona sentada a mi lado fue quien rompió el silencio.
-¿Te puedo preguntar algo?
-Sí, claro.
-¿Disfrutas del día a día?
(Vaya pregunta más rara).
-Mmm… Sí, supongo que sí.
-Eso está bien.
-¿A qué te refiere con que está bien?
-Ya sabes… 
(No, sin duda alguna, no tengo ni idea de lo que me está hablando).
De repente me quedé mirando a su boca. Estaba sonriendo, se notaba como la sonrisa se elevaba hasta las mejillas y cómo sus ojos se cerraban. Simplemente sonreía. Me moría de ganas de preguntarle el porqué de esa sonrisa, pero aún más quería saber a qué se refería.
-No, en realidad no lo sé. ¿Podrías explicármelo por favor?
-A pesar de que tus ojos no estén aquí, tu cabeza sí lo está.
-¿Cómo puede ser eso posible?
Esa sonrisa se convirtió en una leve carcajada.
-Realmente es sencillo, estás aquí sentado, hablando con una persona que no conoces, estás disfrutando de este momento pero sin dejar de pensar en tu próximo destino ¿No es así?
-Vaya… ¿Eres vidente?
(Aunque no soy de las personas que crean en este tipo de cosas, estaba seguro que lo que esta conversación no era normal).
Rio de nuevo. Sus ojos estaban prácticamente cerrados por la carcajada que acababa de soltar. Transmitía completa tranquilidad y alegría.
-En absoluto -Dijo aún con una sonrisa-
-¿Y cómo eres capaz de saber eso simplemente mirándome?
-Me lo has dicho tú todo. Yo simplemente he hecho las preguntas adecuadas.
-¡Mierda! –Exclamé-
Se acababa de ir el tren al que estaba esperando, pero por alguna razón no me molestaba, quería seguir hablando con aquella persona.
-¿Qué ha pasado?
-Nada. Se acaba de ir el tren que esperaba.
-¡Vaya! Ha sido culpa mía que te he entretenido.
-No te preocupes.
-Parece que quisieras haberlo perdido.
-No es que quisiera perderlo…se podría decir que no quería subirme. Me está gustando esta conversación, aunque se haya ido, pronto volverá otro. Sin embargo tengo la sensación de que esta conversación es única.
-A eso me refería
-¿A qué concretamente?
-Tienes los ojos en el futuro, en ese futuro no ves una conversación como esta.
-¿Y eso es malo?
-Podría considerarse pesimista, aunque en este caso esos ojos te incitan a aprovecharla ahora que la tienes.
-O sea que es bueno.
-No soy quién para decidir si es bueno o es malo. Si dentro de unos días piensas en esta conversación y te arrepientes de haber perdido el tiempo con una persona desconocida en una estación de tren, puede que sea malo. Por otro lado, si recuerdas este momento con buenas sensaciones quizás sea bueno.
No se le borraba esa sonrisa en ningún momento, realmente me encontraba a gusto teniendo esta conversación.
En ese momento pasó una mujer a la que se le cayó un pañuelo que llevaba apoyado en el bolso, me giré y me levanté para recogerlo del suelo y devolvérselo. Lo hice con una sonrisa la cual esa persona me devolvió.
-Perdona por levantarme tan rápido. –Dije mientras me giraba para sentarme de nuevo-
Pero allí no había nadie…
Esa persona con la que estaba hablando no estaba. Me levanté con un gran impulso, dejando mi bolsa en el banco. Miré a mí alrededor pero no estaba. Era fácil saberlo, ya que en la estación en este momento estábamos la mujer a la que se la había caído el pañuelo y yo. No daba crédito…
(¿Acaso ha sido real? Quiero decir…sé que había estado hablando con alguien, aunque tampoco le puedo preguntar a nadie si me ha visto porque estábamos solos).

Llegó el tren que tenía que coger, me monté y encontré sitio rápidamente. Me acomodé en silencio, aún no estaba seguro de lo que había ocurrido. Saqué de mi bolsa la libreta, tenía que apuntar toda la conversación.
Llegué a mi parada, salí de la estación aún estaba todo oscuro, era de noche. Saqué de la bolsa los cascos y pulsé aleatorio. “II – Jean-Michel Blais” me devolvió el reproductor. Caminé hasta el portal, encendí la luz y subí por las escaleras hasta el tercero. Entré en casa.
La luz de la calle se dejaba ver al fondo por las rendijas de las persianas. Me descalcé, bebí agua, tiré la bolsa encima del sofá, me deshice el nudo de la corbata y me tumbé en la cama pensando en todo lo ocurrido.


La única imagen que me venía a la cabeza era una y otra vez aquella sonrisa de aquella persona. Tirado en mi cama le devolví esa sonrisa sin saber muy bien porqué… me alegraba de no haberme subido a ese tren y de haber tenido aquella conversación…al final me quedé dormido.


Lo primero de todo espero que te haya gustado, sé que es diferente y como todo lo que escribo, tiene un mensaje que espero que hayas logrado entender. Aunque considero que lo he hecho algo complicado pero no imposible.
Lo segundo quiero plantear un par de preguntas.
  • ¿Quién has imaginado que es la persona con la que habla?
  • ¿Hasta que aparece el tren, dónde creías que ocurría la conversación?




sábado, 18 de abril de 2015

La vulnerabilidad del Sueño

No se si os pasa también a vosotros, que cuando estás con una persona a gusto, en un momento íntimo, lo único que te apetece es dormir. A mi por lo menos me pasa.
De repente sientes que todo te pesa y que lo único que quieres aunque sea por un rato es acurrucarte y dormir.
¿Por qué nos pasa muchas veces de forma automática en esas situaciones, incluso aunque estemos descansados?
El sueño es la mejor forma de mostrar confianza e intimidad. Desde siempre el ser humano se ha encontrado en plena vulnerabilidad al dormir, hemos tenido que montar turnos, vigilar, cámaras, puertas, ventanas, casas, muros, etc. Todo al fin y al cabo para poder dormir a gusto.
Sin embargo una simple situación tira todo por el traste, la comodidad, el confort, la intimidad, la confianza, todo va unido al sueño.
Cuando estés con vuestra pareja, con alguien que es más que un amigo y veas que se duerme, no te lo tomes a mal. Esa persona te está entregando todo, te esta mostrando el lado más vulnerable que todo ser humano posee, y es él mismo.
Es él mismo inmóvil, placentero, vulnerable, feliz, íntimo. No le estas aburriendo, no es que se encuentre cansado, no es que esté mostrando excusas, al contrario. No podía estar siendo más el mismo.
Y aunque todos nos las demos de fuertes, hay cosas que vienen de dentro, no podemos ir en contra de lo que somos, el sueño y la confianza...Quién diría que estarían tan unidos.

jueves, 20 de febrero de 2014

El Chico de la Parte de Atrás

Cuando me monto en un autobús, me gusta sentarme en la parte final de éste para así poder pensar en mis cosas, escuchar música o simplemente abstraerme del mundo tangible. Pero al final siempre me acaba ocurriendo lo contrario, me fijo en la gente del autobús, en como visten, o gesticulan, con quien hablan, que estudian o de qué hablan, a veces hasta bajo el volumen de lo que estoy escuchando para así poder oírles. Les escucho hablar, decir tonterías la mayoría de las veces, pero otras, una minoría, descubres cosas que te gustan y obviamente, no te vas a meter en su conversación. Digo obviamente, pero realmente no lo pienso así, estaría genial meterte en la conversación de alguien, hacer tu aporte y entablar una conversación, eso sin que suenes como un degenerado que espía sus conversaciones... Todo puede pasar....
Es tras ese momento cuando la máquina comienza a funcionar fervorosamente. Te paras y analizas sobre qué harías tu si fueras ellos o si te pasase a ti lo que le sucede al de al lado.

En otras ocasiones miras a ese maravilloso mundo que tienes a tu lado. Esa ventana llena de paisajes, historias y múltiples detalles, que pasan desapercibidos, en los que tratas de fijarte y tratas de pensar sobre lo que sucede a tu alrededor, todo ello mientras vas subiendo el volumen de la música ya que el grupo de al lado no te deja oír ni tus propios pensamientos. Manejas un abanico enorme de ideas y pensamientos que surgen por el mero hecho de observar.

Por último llega el estado de abstracción en en el que ya sumido en tus pensamientos, pronosticas cómo va a ir el día, que vas a cenar o que tienes pensado decirle a la persona que te gusta cuando llegues. Todo gira en tu cabeza, desde el más nimio detalle del primer pasajero que entró al autobús hasta tus más profundos y sinceros pensamientos, pasando por las historias que vive el resto de gente y que son incapaces de pararse a observar lo bello que es cada uno de los detalles de su entorno y no saben lo mucho que se pierden.

Tú sigues pensando y cavilando sin parar, por ti y por ellos. Y es entonces cuando no queda nadie más en el autobús y llega la hora de bajarse y pasar a formar parte de la imaginación de otra persona, porque: ¿Quién sabe en qué estará pensando el chico de la parte de atrás?


Gracias por leerlo, no sabría como "categorizar" esta entrada pero espero que de verdad os haya gustado.